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¿La lectura juvenil es una pasarela para la educación literaria?

2013-09 la lectura juvenil un puente

 

Aquest post té una versió en català aquí.

He leído en ocasiones que la lectura de relatos destinados a los adolescentes puede ser o es una buena pasarela para formar lectores de literatura. Es decir, para conseguir una educación literaria.

Los artículos que he leído sobre el tema (no he hecho una búsqueda intensiva) se basan sobre todo en apreciaciones, en vivencias personales, en investigaciones cualitativas muy pegadas a los sujetos investigados o con un corpus reducido…

Curiosamente, la mayoría de estas afirmaciones surgen de la experiencia personal, es decir, son docentes entusiastas, preparados, en continua formación y con buenas cualidades para la interacción con sus estudiantes… En otras palabras, estoy convencida de que son profesionales a quienes les irá bien utilicen el texto que utilicen, porque su trabajo estará arropado por la reflexión, por el diseño de secuencias didácticas complejas y en las que no faltará la evaluación. Y no nos referimos a la evaluación del alumno, que siempre está presente, hablamos de evaluar la actuación del profesor, de los materiales, de los tiempos o de los resultados. Una evaluación necesaria porque que les ayudará a perfeccionar y a mejorar el trabajo que realizan.

De hecho, cuando estos docentes afirman que la lectura es un puente para la educación literaria, si analizamos lo que hay detrás de esta afirmación, sentimos la necesidad de ajustar a la realidad la afirmación que realizan. Tal vez, sería más preciso decir:

En las secuencias de trabajo que yo programo, desarrollo y evalúo, en algunos sujetos, la lectura juvenil puede ser una pasarela para conseguir una educación literaria.

Porque puestos a hablar de vivencias, compartir creencias o apreciaciones también podríamos afirmar lo contrario, es decir, que la lectura juvenil no puede ser una pasarela a la lectura literaria porque en muchos casos mezclamos conceptos diferentes. Como mucho, comparten papel y letras [vid. “Las lecturas deslocalizadas de la escuela“].  Y eso sin detrimento de una ni de la otra… Simplemente son escrituras y propuestas discursivas diferentes.

También podríamos traer aquí otros ejemplos:

Según las listas de ventas y diferentes estudios de mercado los habitantes de los EUA son grandes lectores de libros de autoayuda pero, desgraciadamente, no ha sido un puente ni una vía para llegar a leer a Cioran o Espinoza o a Ramon Llull.

Pero no me confundan.

1 ¿Quiero decir que la lectura juvenil no es buena?

En absoluto, miren algunos de los post de este mismo blog y en este otro que escribo en catalán y verán que afirmo lo contrario. De hecho, cada vez hay más mejores relatos y mundos de ficción [vid. categoría Recomendación lectura].

2 ¿Quiero decir que la lectura juvenil no tiene que entrar en el aula o en la escuela?

En absoluto, miren las propuestas que aparecen en La lectura al Centre o en Del oral, audiovisual y digital a la lectura (y la escritura) en secundaria.

3 ¿Quiero decir que no tiene sentido leer estos relatos?

En absoluto, la casa, el metro, el autobús, las redes sociales, los clubs de lectura físicos o virtuales, los blogs, los foros, la biblioteca pública o la escolar son espacios en los que ya se habla, se lee, se comparten estos espacios y ayudan a la socialización, a escribir, a compartir, a madurar intelectualmente… Miren si no el tiempo y las publicaciones que he dedicado a unos relatos que me apasionan y que considero valiosos e imprescindibles.

Pero es que no estoy hablando de eso, estoy hablando de educación literaria.

De esto: de secuencias didácticas que trabajan el retrato moral del Cid, las églogas de Garcilaso de la Vega o los jaikus.

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De esto: de una lectura guiada de Luces de bohemia en Twitter y enTuenti.

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De esto: de la lectura de un clásico como El Quijote:

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De esto: de la presencia social de los autores clásicos.

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De esto: de la literatura universal desde, por ejemplo, la literatura catalana.

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Y para finalizar, hay una pregunta para la que no tengo respuesta:

¿por qué en vez de “perder el tiempo” en buscar pasarelas no dedicamos más esfuerzo a ver cómo podemos trabajar  la tradición literaria, las obras clásicas o los textos fundacionales de nuestras culturas?

  1. Toni Solano

    No sé si son o no una pasarela apropiada, ni tampoco si el camino para llegar a la literatura pasa por el trance intermedio de las lecturas juveniles. Para mí, estas lecturas son fundamentales para desarrollar la competencia lectora, más que la literaria. Lo expliqué hace tiempo aquí: http://www.repasodelengua.com/2007/08/lectura-y-literatura-juntas-pero-no.html
    No hay acercamiento posible a la literatura sin que haya previamente una lectura comprensiva fluida, y creo que las lecturas jveniles desempeñan bien ese papel. De hecho, en cuanto mis alumnos empiezan a coger soltura, se aburren con ellas y piden el salto a lo literario. Siento ser tan conciso y tan subjetivo. Me gustaría tener ocasión de debatir sobre ello con más amplitud.
    Un saludo.

    15 septiembre 2013

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    • Gemma

      Gracias Toni por tu comentario que hace reflexionar más. Es un cuestión compleja y es muy importante pensar juntos. Tenemos que encontrar esos espacios para hablar sobre el tema.

      16 septiembre 2013

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  2. Luis Arizaleta

    Hola Gemma. Me sigue impresionando – debo ser muy cortico o sensiblón – la utilización en este tipo de argumentaciones de términos genéricos que, además de no ser precisos, descalifican: “lectura juvenil” es la que hacen los jóvenes, no “recepción de paraliteratura banal”. Hay jóvenes que leen “literatura literaria”: ahí están, sin ir más lejos, los estudiantes que otorgan cada año el Premio San Clemente – http://www.iesrosalia.net/index.php?option=com_content&view=article&id=57&Itemid=55 -, o los 2.000 alumnos de Bachillerato que conceden el Prix Goncourt des Lycéens – http://www.academie-goncourt.fr/?rubrique=1229172274 -. Cualquier especialista puede leer “El club de los optimistas incorregibles” (Jean-Michel Guenassia, RBA, Prix Goncourt des Lycéens 2009), y comprobar que se trata de literatura (sin calificativos) y no de morralla comercial de alta rotación: aquí está el problema, en confundir la carretada de ¿libros o mercancía estereotipada y mimética? editados con el único objetivo de vender por decenas de miles, con toda la literatura publicada en colecciones para jóvenes, con la mejor de la que los jóvenes leen y tiene potencialidad para educar su competencia lectora y para forjar educaciones literarias – aunque no sean libros del siglo XVI -, siempre que haya mediadores capaces de seleccionarla y recomendarla y de dialogar y acompañar en el proceso de crecimiento de los lectores. Un saludo cordial. Luis Arizaleta – http://www.elrapsoda.com -.

    16 septiembre 2013

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  3. Gemma

    Incluyo aquí el comentario que me ha dejado en Twitter María José Chordá @mjchorda Profesora de Lengua y Literatura Española, Valencia · Elumbraldelapalabra.blogspot.com

    Fundamental esforzarse para dar los clásicos en el aula. Un ejemplo más http://t.co/M2yiEr0PeU

    Gracias por la colaboración.

    16 septiembre 2013

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  4. Maria Teresa A ndruetto

    en un todo de acuerdo con Uis Arizaleta. Saludos para Gemma y para todos

    16 septiembre 2013

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    • Gemma

      Mil gracias, Maria Teresa por tu comentario…

      23 septiembre 2013

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  5. Luz Santa María

    Creo que la pregunta debiera ser qué es lo que consideramos como educación literaria. ¿Por qué siempre llegamos a los clásicos, a las literaturas fundacionales? Quizás sería más honesto aceptar que el canon literario es dinámico, que se está renovando todo el tiempo, y que también lo es la denominada “literatura juvenil”. Nadie duda del inmenso valor que tienen los clásicos y de la experiencia vital que significa leer a Garcilazo, Sor Juana o Cervantes… pero tiendo a creer que la experiencia no es la misma para todos los lectores. Unos nos identificamos y otros definitivamente no. Entonces, pienso que la educación lectora tiene que ver más con asignar valor a la literatura, tanto clásica como nueva, y para eso necesitamos, los mediadores y los jóvenes, criterios para evaluarlo nosotros mismos. Gemma ha trabajado ampliamente el tema de los criterios. La educación lectora apuntaría más, en mi opinión, a formar lectores críticos y para eso ningún tipo de literatura es prescriptible.

    16 septiembre 2013

    Responder
  6. Jesús Díaz Armas

    Gracias por compartir tus reflexiones, querida Gemma. Estoy absolutamente (o casi del todo) de acuerdo contigo. Cierto que no tiene por qué ser ni el cómic ni la literatura infantil ni la juvenil pasarela para la literatura de adultos (tampoco la novela para adultos que se publica actualmente tiene que ser necesariamente pasarela para otra cosa: por ejemplo, los clásicos, la poesía, el ensayo). Pero otra cosa bien distinta es si la LIJ es pasarela hacia la educación literaria o si ya proporciona (como yo creo) cierto grado de educación literaria.
    Creo.

    16 septiembre 2013

    Responder
  7. Harry Potter

    Salvo excepciones, la literatura juvenil es un subproducto comercial cuyo único interés es la venta. Son textos políticamente correctos que buscan no crear problemas (con alumnos, APAS e inspectores, por ejemplo). Un autor cuyo libro sea escogido por un profesor sabe que eso significa unos 20 libros vendidos por curso. Si el libro se hace popular, entrando en 50 colegios ya vende entre 1000 y 2000. Hay autores que para sobrevivir se ven obligados a hacer este tipo de obras industriales, aunque luego también hagan buena literatura. Esto me parece muy respetable. Y me parece igual de respetable advertir de las motivaciones económicas y de la censura que existe en estos textos. La buena literatura, fue, es y será transgresora en su tiempo, a menudo incomprendida, y nunca cumplirá los bonitos objetivos de educación para la ciudadanía.

    17 septiembre 2013

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  8. Pingback: ¿La lectura juvenil es una pasarela para la educación literaria? | Gemma Lluch | Bibliotecas Escolares Argentinas

  9. Evaristo Romaguera

    Lectura infantil y juvenil en las aulas de Ed.Primaria y, si fuera necesario, en los primeros cursos de Ed.Secundaria, A partir de ese momento, con un buen nivel lector, educación literaria en las aulas y lecturas juveniles y fomento de la lectura en los clubes, en la biblioteca, en las familias.
    Sin preocuparse demasiado de las pasarelas, lo importante sería cómo leer la literatura clásica en las aulas de Ed.Secundaria y Bachiller sin provocar el rechazo de por vida de los estudiantes.

    21 septiembre 2013

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  10. Mireia Manresa

    Releído el post, Gemma, y releído el apartado de tu libro El plan de lectura de centro, después del malentendido en Twitter, donde te he enviado una respuesta en la que cuestionaba la dicotomía entre ” literatura juvenil” y ” educación literaria ” que me ha parecido inferir de este post .

    Entiendo, una vez releído, que estás hablando de la distinción entre el fomento de los hábitos lectores y la interpretación literaria de los textos que, en el libro, llamas ” lectura para la educación literaria ” vs . ” Lectura por placer ” y que no te estás refiriendo, por tanto, a “literatura juvenil” sino a ” lectura juvenil” entendiéndola como ” lectura por placer o lectura libre ” . Estoy totalmente de acuerdo con esta distinción , la llamemos como la llamemos, con respecto al proceso que conduce a los maestros a llevarlo a cabo , es decir , a las metodologías de intervención en el aula . En efecto, para afinar en la intervención es clave distinguir entre construir hábitos de lectura (reservar espacios para la lectura autónoma y de elección libre , seleccionar textos elegidos mássegún el lector que según otros parámetros , acompañar en la lectura de manera indirecta , es decir , sin trabajos demasiado escolarizados , acercar al lector al circuito social del libro y los rituales de lectura privada y social de todo lector experto , etc . ) y ayudar a interpretar los textos que resultan más complejos para el alumnado ( estipular espacios para la lectura guiada , seleccionar textos que permitan tratar alguna / s características determinadas , hacer leer una misma obra para que pueda ser guiada y compartida , diseñar proyectos que ayuden a profundizar en las obras , etc . ) .

    En tu post vinculas la educación literaria en determinados textos , canónicos , fundacionales , etc . Aquí es donde empiezo a no verlo claro . Si bien es lógico que reservamos para la lectura guiada obras complejas que el alumnado no puede leer de forma autónoma , llamar ” educación literaria ” a esta tarea me parece confuso . Según esta premisa, ¿” educación literaria ” equivale a leer ( y ayudar a leer ) sólo los textos fundacionales?

    Para mí , la educación literaria es un concepto más amplio . Educación literaria incluye aprender a interpretar los textos , conocer los mecanismos de la ficción, saber actuar en el circuito social del libro, conocer y comprender la influencia de la tradición, conocer, poder leer y comprender el patrimonio literario , saber hablar sobre los textos , entre otras competencias. En este sentido, la distinción que planteas quizá más en la línea de lo que proponen los franceses, nada sospechosos de no atender a la tradición literaria propia fundacional: lecture cursive vs . lecture analitique ( lectura seguida , corriente vs . lectura analítica) .

    También de una profesora francesa me gusta el itinerario que propone, muy clarificador para lo que quiero decir en este comentario. Savage (2004 . “La lecture de ouvres complètes au collège “, en línea ) , en un artículo breve pero muy interesante, plantea este itinerario :

    1 . lectura autónoma de textos juveniles (cercanos al lector )
    2 . lectura guiada de textos juveniles
    3 . lectura guiada de textos canónicos y complejos
    4 . lectura autónoma de textos canónicos y complejos

    De esta manera , creo que la educación literaria y la construcción de hábitos lectores se retroalimentan mucho más de lo que parece , teniendo siempre presente , eso sí, la distinción entre las metodologías que claramente conducen a la una oa la otra , lo que hará más efectivas las intervenciones.

    Hechas todas estas precisiones, ¿la lectura juvenil es una pasarela para la educación literaria ? depende , puede que sí y puede que no. Pero seguro que tanto la lectura libre y autónoma, que necesariamente será con textos próximos a los alumnos, como la lectura interpretativa de obras complejas tienen que estar presentes de manera no excluyente en el itinerario escolar de cada alumno, como propones en tu libro. Y lo que me parece importante es que la educación literaria sea completa e incluya todo lo que colabore a crear un lector autónomo de literatura de todo tipo, más y menos compleja, más y menos actual, más y menos de calidad , más o menos canónica … para que sea libre de elegir en su futuro inmediato . Y para elegir hay que ser competente y hay que saber distinguir las cualidades de todas las obras de ficción que caen en las manos del lector. En este sentido, estoy muy de acuerdo contigo en que tenemos que dedicar esfuerzos a diseñar proyectos afinados y de calidad como los que pones de ejemplo, así como a asegurar el contacto diario con la ficción literaria.

    No me extiendo más. Como comenta Toni, necesitamos otros espacios y momentos para reflexionar sobre estos temas tan relevantes y apasionantes. Gracias , Gemma , como siempre, por invitarnos a hacerlo.

    22 septiembre 2013

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  11. Gemma

    Gracias a todos por vuestros comentarios. En breve escriberé otro post para “comentar los comentarios”…

    23 septiembre 2013

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  12. Pingback: Enlaces de interés | El rey rojo

  13. Luis Arizaleta

    Hola, de nuevo, Gemma. En tanto llega tu post, he puesto éste en mi blog: http://www.elrapsoda.com/2013/09/interesante-debate-sobre-los-jovenes-y-la-lectura/

    27 septiembre 2013

    Responder
  14. Luis Arizaleta

    Estimada Gemma.

    Comparezco una vez más en tu blog para informar a quienes estén siguiendo este debate de que he actualizado la entrada de referencia en mi blog – http://www.elrapsoda.com/2013/09/interesante-debate-sobre-los-jovenes-y-la-lectura/ – con los resultados del intercambio de pareceres que ayer, día 30 de septiembre de 2013, sostuvimos en un Club de Lectores de la Biblioteca de San Francisco (Pamplona, España) acerca de las características de la paraliteratura aplicadas al análisis de dos libros: “Nada”, de Jane Teller, y “La composición”, de Antonio Skarmeta y Alfonso Ruano.

    Como se puede ler ahí, ninguno de los presentes consideró paraliteratura estos dos libros.

    Saludos cordiales. Luis Arizaleta.

    1 octubre 2013

    Responder
  15. Marco Andrés Montenegro

    Estimada Gemma:

    Me parece útil poner una cierta distancia a la hora de juzgar un tema como el que tratan su post y la pregunta de Carolina, y me aprovecho de mi oficio de músico para tratar de entender cómo se puede aterrizar un objetivo tan noble como el de buscar extender universalmente la apreciación de la literatura y el placer de la lectura, así como la competencia literaria que ayude a potenciar ambas.
    Siendo la música un arte tan complejo como lo es la literatura, rara vez suele darse la discusión en torno a si nos interesa que los niños y a través de ellos los futuros adultos -“el niño es el padre del hombre”, dijo Wordsworth- adquieran las competencias necesarias para apreciar, más allá del efecto sensorial y emocional inmediato, una obra musical, no digamos de un clásico como Mozart, sino sencillamente de una banda o un cantante de moda. Se da más bien por sentado que todos tenemos la capacidad de juzgar en tres minutos si lo que oímos nos gusta, nos resulta placentero, nos invita a movernos, a ensoñar o a buscar compañía, etc.; o bien, nos deja indiferentes, nos desagrada o hasta nos produce rechazo.
    La teoría en torno a los efectos de la música se remonta a miles de años atrás y el desarrollo de sus elementos estructurales, armónicos, rítmicos, estilísticos, etc., permite a quienes se ocupan profesionalmente de ella, con mayor o menor éxito y talento, utilizarla para sus propios fines, sean estos de carácter económico, artístico, espiritual, educacional o de la naturaleza que sea. Lo que está fuera de discusión es que existen diversos usos y objetivos, calidades disímiles y competencias particulares y propias a los distintos usos que se le da.
    Nadie postula que el niño llegará a convertirse en un músico competente oyendo canciones infantiles ni se espera que estas tengan un objetivo más allá del aquí y el ahora del niño que las disfruta, sobre todo en compañía de sus seres queridos. Y si lo tuvieran, perderían esa cualidad de puente emocional en el que niño y adulto se encuentran. Nadie pretende tampoco que el adolescente que se sumerge en el paréntesis de sus auriculares, tan atento como los santos de Rilke, o que baila en una fiesta o silba y canta en un recital de rock, esté preparándose para apreciar a Bach en su madurez, cuando las energías y el cuerpo decaigan.
    Existe la música incidental, para el cine o los videojuegos; la música folclórica; la que pone a la gente a marchar (o a contramarchar); la romántica que enamora o tortura según la suerte del amante; la que acompaña el culto (y el inculto), etc. Pero.
    Pero nadie espera -y si lo hace, desespera- que todas las anteriores conduzcan al definitivo paraíso de la mal llamada música docta o clásica. Siempre habrá quienes tomen ese camino y en su fervor quieran y necesiten compartir con todo el mundo su fascinación. Y habrá siempre quienes lo aprecien y lo agradezcan.
    E incluso los habrá que prediquen los beneficios de su cultivo, dando pie a que otros, muchos, generen el ruido que acalle a los primeros.
    Siempre habrá buena y mala música, buenos y malos músicos. Pero ni unos ni otros, me parece, serán legión.
    Se me ocurre que no es tan descabellado proponer: donde dice música, léase literatura.

    11 octubre 2013

    Responder
    • Gemma

      Este comentario se originó en el foro de discusión del Diplomado de Fomento de la Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Católica de Chile donde participo como profesora invitada. A Marco le contesté: “Estimado Marco, poco puedo añadir a una explicación tan justa, tan acertada y con tanto sentido común… La comparación que establece me parece de los más acertado.”

      11 octubre 2013

      Responder
  16. Catalina Garcia-Huidobro

    Estimada Gemma:
    Me pareció muy interesante el artículo de su blog y los comentarios que se generaron a partir del mismo. A mi juicio, la gran polémica se crea –mayoritariamente- al no distinguir qué pretendemos que nos entreguen los libros y cuál es la realidad de éste producto hoy, ya que los intereses de las narraciones literarias pueden ser bastante disímiles a los intereses de las narraciones paraliterarias. Ahora bien, con esto no quisiera emitir ni un juicio de valor, ni mucho menos comparar ambos tipos de textos; más bien creo que ambos debiesen ser evaluados con sus propios parámetros dado que considero no son lo mismo. Creo, entonces, que el parámetro para distinguir un libro “bueno” de uno “malo” no está en su relación con los clásicos, sino en la calidad misma del libro en comparación con su propio género, o sea, la coherencia del libro, la calidad del lenguaje, y la artesanía de la narración. Un libro que es considerado paraliteratura como Harry Potter -y que sabemos tiene un evidente éxito comercial- es, a mi parecer, un libro de excelente calidad en su género, y debiese ser medido y valorado con respecto a otros libros de su tipo. Porque Rowling no es Hesse, ni pretende escribir El Lobo Estepario; y no quiero decir con esto que una práctica sea mejor que la otra, sino que estamos comparando peras con manzanas.
    Creo que la polémica se genera en los prejuicios o falsas clasificaciones como:
    Todos los libros juveniles son paraliteratura.
    Todos los libros de adultos son literatura.
    Todos los libros comerciales o exitosos son “basura”.
    Todos los libros que no se leen son de calidad literaria.
    Dicho lo anterior, no quisiera descartar tampoco el hecho de que a lo largo de la historia lo que en su tiempo es considerado cultura basura muchas veces termina modificando el canon; por tanto, tendremos que esperar que transcurra el tiempo para mirar qué pasará con estos productos, qué filtrará la historia, qué textos serán recordados y cuál será su verdadero impacto en nuestra sociedad.

    Entonces, tomando en cuenta que hablamos de productos distintos ¿cuál crees que es la prioridad que deben darle los colegios y bibliotecas a éste tipo de libros versus la literatura canónica? Porque sabemos que la literatura no-canónica es más solicitada, y vemos que nuestros alumnos se acercan a los libros; sin embargo, también sabemos que esto no necesariamente los lleva a leer obras clásicas. Entonces, teniendo un presupuesto limitado ¿por qué optar?

    En mi opinión, si el niño lee, ya es algo bueno; sin embargo, cada vez la distancia entre los libros que leen por gusto y los libros clásicos se hace más grande. ¿Crees, entonces, que sea necesario (o posible) crear esta discutida pasarela desde la paraliteratura a los clásicos? ¿o tal vez tendríamos que plantearnos cómo trabajar con ambos tipos de literatura de manera distinta y sin hacer paralelos?

    11 octubre 2013

    Responder
    • Gemma

      Este comentario se originó en el foro de discusión del Diplomado de Fomento de la Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Católica de Chile donde participo como profesora invitada. A Catalina le contesté:
      “De nuevo es un placer leer un comentario de la categoría, sensatez y argumentación como el suyo. Resalto sobre todo cuando dice: “Creo que la polémica se genera en los prejuicios o falsas clasificaciones como: Todos los libros juveniles son paraliteratura. Todos los libros de adultos son literatura. Todos los libros comerciales o exitosos son “basura”. Todos los libros que no se leen son de calidad literaria.” En efecto, como ya saben el término “paraliteratura” es meramente descriptivo y no califica. Es un gran error calificar todo un género de manera general. Hay grandes obras escritas inicialmente para jóvenes…”

      Gracias por su colaboración.

      11 octubre 2013

      Responder
  17. Rosario

    Gemma, me ha parecido sumamente interesante la cantidad de artículos y libros que he encontrado en esta página, pues estoy trabajando en una tesis de literatura, precisamente, acerca del fenómeno del best seller juvenil. Soy chilena y no tenía la menor idea de que se había contado con tu presencia en la Universidad Católica. Estos son temas muy relevantes, y más que urdir en la vieja polémica de lo que podemos considerar como “alta” literatura, o en su defecto,”para” literatura; se hace necesario guiar a los jóvenes en su proceso de descubrimiento literario, sin que esta especie de “pasarela literaria juvenil” se convierta en un camino eterno de transitar, ya sea por la adicción o también porque las políticas lectoras han sido insuficientes. Es un error conformarse con tener a los adolescentes leyendo,dejando de lado el interés por la clase de libros que leen y en como éstos proyectarán su vocación lectora cuando lleguen a la adultez.
    Saludos.

    10 noviembre 2013

    Responder
    • Gemma

      Rosario, muchas gracias por su comentario. Creo que tiene mucha razón sobre todo si hablamos de la lectura en el entorno escolar. Un abrazo

      10 noviembre 2013

      Responder
  18. Marta

    Estimada Gemma:

    Agradecería mucho si pudieras compartir tu respuesta o pensamiento a partir de la siguiente pregunta: ¿Cuál es la relación entre el conocimiento y el saber en el modelo de la literatura juvenil generadora de adicción en los adolescentes?
    Saludos y espero, puedas responder. Lo agradecería mucho.

    12 noviembre 2013

    Responder
    • Gemma

      Querida Marta, no entiendo muy bien la pregunta y necesitaría que acotará más a qué se refiere cuando habla de conocimiento y saber. Muchas gracias

      12 noviembre 2013

      Responder
  19. Isabel

    A veces mortificamos a nuestros alumnos con lecturas que les resultan tediosas, pero las editoriales no tienen en cuenta otras opciones distintas a los autores que tienen en nómina. Hace poco, me ha sido grato comprobar que alumnos de tercero de la ESO se interesan por un libro y que han sido ellos, de boca en boca, quienes se lo recomiendan. Es una pena que la editorial sea Educalia, pues no tiene la misma potencia empresarial que otras.
    El libro es
    Memorias de un espía adolescente I: el encantador de serpientes
    Juzguen ustedes mismos.

    1 diciembre 2014

    Responder
  20. Pingback: A lectura xuvenil como pasarela | Xornal A Peneira dixital

    • Gemma Lluch

      Muchas gracias por el comentario.

      7 enero 2016

      Responder

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