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¿Cómo nos organizamos para no leer?

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Gabriel Zaid titula uno de los capítulos de su libro Leer (México: Océano Travesía) con este sugerente título: “Organizados para no leer”. En él refiere esas extensiones del mundo literario que no requieren de la lectura.

¿Una paradoja? Matiza: esas extensiones tan ajetreadas que no dejan tiempo para la lectura.

Paradójicamente, las actividades que dominan la “vida literaria” son las que prosperan sin necesidad de leer.

 

Zaid elige comentar cuatro de “estas extensiones del mundo literario”. A continuación, compartimos las notas que hemos tomado mientras leíamos. Seguro que le hacen sonreír:

 

  1. Hacer vida social en el mundo literario sin leer

 

Conocer nombres de autores y de libros, solapas, letreros de museos, frases, entrevistas… Conocer buenas ediciones, tipografía… Tenerlos en casa para mostrarlos a las visitas… Todos estos datos sirven para conversar en los eventos literarios. Por ejemplo, las presentaciones de libros.

Lo importante de la presentación de libros es la presentación, no la lectura, el montaje teatral, las relaciones sociales…

 

  1. Publicar noticias sobre los autores, no leerlos

 

El periodismo cultural se ha vuelto una extensión del periodismo de espectáculos, y se administra en el mismo paquete: las soft news. Lo importante son los titulares, las fotos, las entrevistas y los chismes de las estrellas, para estar al día y tener de qué hablar como persona culta, sin necesidad de leer.

Me gustaría poder preguntarle a Zaid qué piensa del uso que se hace de las redes sociales en algunas actividades literarias. ¿Qué pensaría de la profusión de los “YO estoy aquí”? ¿Qué reflexión compartiría Zaid sobre lo que importa cuando compartimos un acto literario en las redes sociales?

 

  1. Consagrar sin leer

 

Cualquiera sabe que puede ir a una reunión sin haber hecho la tarea [Leáse en modo ironía]. Y en ese marco: ¿es necesario leer un original para un premio? Citando a Jules Renard:

El primer premio se lo dan porque “¡Pobre, no le han dado ninguno!” El segundo, porque acaba de recibir otro. El tercero, porque tenía dos. El cuarto, porque lo exigió. El quinto, porque, después de tantos premios, no darle éste llamaría la atención (se pensará que lo excluimos por razones ideológicas o prejuicios contra minorías). El sexto, porque premiarlo se volvió costumbre. Los siguientes son una avalancha.  La sociedad, las instituciones, el Estado, se premian a sí mismos al reconocer a los monstruo sagrados.

 

  1. Publicar sin leer

 

Zaid reproduce la conversación que tuvo con un editor holandés sobre cómo era posible que se publicaran libros sin leer. La respuesta era rotunda:

Porque no estamos organizados para leer, sino para alcanzar metas de crecimiento, producción, ventas, rentabilidad.

 

¿Cuántas razones más podríamos añadir a las que apunta Zaid ahora, en un mundo inundado por la comunicación escrita y audiovisual, social y sobre todo personal?¿La lectura de WhatsApps, Tuits, Facebooks nos deja tiempo para leer?

Y antes de que me digan que ahí también leemos, otra pregunta: en las redes sociales: ¿leemos o cotilleamos, chismorreamos, chismeamos?

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